En 1918 se plantea la renovación de los servicios sanitarios, encargándose el proyecto al doctor Guillermo Sánchez Martín, jefe médico de la mina. En 1925 dictó una serie de normas para combatir el hidrargirismo: “Debe suprimirse en absoluto la mala costumbre de comer en los lugares de trabajo y bajar a la mina recién comido. Tener fuerza de voluntad suficiente para no fumar en la mina, evitando el riesgo de llevar a los labios vesículas de azogue. El hatillo ha de ser de uso necesario, pues no es posible el aseo del cuero, al terminar el trabajo, si se conserva la misma ropa impregnada de sudor, polvo o barro. Al terminar cada jornada hacerse una limpieza meticulosa de cabeza, manos y pies, y lo más perfecta posible del resto del cuerpo. El cuidado de la boca merece atención especial con un lavado diario y acudiendo al dentista para que desprenda el sarro de los dientes y empaste los careados. Disponer el dormitorio en la habitación más soleada de la casa y habituarse a dormir en todo tiempo con la ventana abierta. Ser ordenado y moderado en el comer y parco en el beber”.


El doctor concluía: “En este plan de buen vivir, conservará piel, riñón y pulmón sanos, y seguro de sus energías, será feliz al reproducirse en hijos vigorosos, futuros mineros de un Almadén siempre próspero, para ello conservado”.


Como el mercurio se elimina en buena parte por la sudoración, había también en el hospital una habitación cuyas paredes tenían potentes lámparas y cuyo suelo era de arena. En “la playa”, como la llamaban los mineros, éstos daban vueltas siguiendo un círculo marcado en el suelo mientras exudaban el mercurio gracias a la elevada temperatura de la habitación. También se usaba un cajón de madera dotado de numerosas lámparas en el que se colocaba sentado el enfermo a fin de provocar sudoración. Estos dispositivos fueron sustituidos hacia 1980 por una moderna sauna. Es en este año cuando se abandona el edificio pasando la atención médica al recinto minero.


Desde su rehabilitación en 2004, alberga en su interior el Archivo Histórico de Minas de Almadén –con más de 100.000 expedientes ya catalogados y una extensa colección de planos desde el s. XVIII hasta nuestros días–, la sede de la Fundación Almadén, el Museo del Minero, el Museo Hospitalario y otras salas de exposición que permiten conocer la vida y costumbres de la población de Almadén y su comarca.





La construcción de la Plaza de Toros de Almadén está íntimamente vinculada a la del Real Hospital de Mineros de San Rafael. Debido a las frecuentes epidemias, a la alta mortandad de la población y de los forzados que trabajaban en las minas, motivadas por la falta de viviendas para albergar a los temporeros que trabajaban en las minas, esto provoco la construcción de 24 viviendas que conforman la plaza hexagonal, y que tenían doble finalidad, evitar el hacinamiento en las casas de la localidad - 4 o 5 familias por casa- lo que aumentaba el riesgo de epidemias, y aportar, con el alquiler de las mismas, dinero para la construcción del hospital.
Las viviendas, a su vez, conformaban una plaza para la celebración de festejos taurinos, dedicándose también el dinero de los festejos para la construcción del hospital. Construida la “Plaza Nueva” se establece la realización de un mínimo de seis festejos anuales, con cinco o seis toros cada uno, con el fin de obtener ingresos para la construcción del hospital. Entre 1755 y 1757 las obras se agilizaron por el paro forzoso de obreros a causa del incendio que afectó a las minas y que duró dos años y medio. En este periodo tanto la plaza como el propio hospital –que comenzó a construirse en noviembre de 1755– se beneficiaron del empleo de un mayor número de obreros en un intento de evitar una emigración masiva. Las obras de la plaza finalizan totalmente en 1765 con un coste superior a los 320.000 reales de vellón. Posiblemente los primeros festejos realizados en la Plaza Nueva son los referidos a octubre de 1752, cuando se lidiaron 21 toros entre los días 19, 21 y 23 de dicho mes a cargo de Pedro Campanero y Pedro Martín Zancudo, siendo el precio del asiento de un real. Como dato curioso cabe reflejar que el 10 de mayo de 1754 se promulga una Real Orden por la que se prohíbe la celebración de festejos en todo el Reino. Esta disposición pretendía la recuperación de la cabaña ganadera diezmada por la sequía y las epidemias. Esta orden solo afectó parcialmente a Almadén ya que Villegas, argumentando el destino de los ingresos, obtuvo una dispensa para la celebración de festejos. Ese año se lidiaron en Almadén un total de 35 toros por Pedro Campanero, vecino de Ciudad Real, Pedro Martínez Zancudo, vecino de Almagro, y Raimundo Franco de Torres, alias “El Indiano”, vecino de Ciudad Real que rejoneó dos toros a caballo y realizó otras habilidades en los festejos.
Otra curiosidad de la plaza de Almadén es la de contar con toques específicos de clarín, incluido el toque de muerte, hoy día en desuso. Por la plaza de Almadén pasaron, entre otros muchos, Curro Guillén, Juan León, “Paquiro”, “Cuchares”, “Lagartijo”, “Costillares” y Rafael Bejarano. Cuentan que se cantaba en Córdoba una coplilla, en referencia a estos últimos, que decía: Arrogante Costillares,
Las antiguas viviendas se sitúan en dos plantas rodeando el coso, que está formado a su vez por dos galerías en altura, la inferior construida en arquería encalada y la superior por pies derechos, zapatas y tirantes de madera. Finalizada su rehabilitación en el año 2003, hoy día se celebran importantes festejos taurinos y alberga también el Museo Taurino, sala de exposiciones, Oficina de Turismo, restaurante y hotel.
El 4 de abril de 1753 estaban hechas todas las paredes interiores y exteriores hasta el primer piso con el fin de celebrar los primeros festejos. El alquiler de las casas, destinadas principalmente a temporeros, comenzó a finales de 1753 con solo 8 casas habitadas y en 1755 estaban habitadas más de la mitad y el número de personas que las ocupaba superaba las 200.
Siguiente visita es al MUSEO TAURINO.
Patrimonio de la Humanidad desde 2012. Situado en el interior de la Plaza de Toros, este museo nos permite conocer los cosos taurinos más antiguos y reconocidos del mundo. No sólo el origen e historia de la Plaza de Toros de Almadén, levantada a mediados del S. XVIII, sino también sus detalles constructivos, el empleo de cabios y barro o la arquería empleada por los maestros alarifes que la construyeron.
Anda vete al Almadén Para ver matar bien toros

Gracias a paneles interpretativos y audiovisuales se hace un repaso a la tauromaquia, desde sus orígenes hasta la actualidad, con la muestra de fotografías, trajes y útiles. Lugar destacado en el museo lo ocupa la historia de la tauromaquia local, representada por toreros como Rafael Martín "El zorro", Teodoro Muños y Pedro Velázquez.



Y para finalizar nos hemos acercado a la REAL CÁRCEL DE FORZADOS.
Patrimonio de la Humanidad desde 2012. Los escritos atestiguan que en 1525 ya estaba en funcionamiento la primera Cárcel de Almadén, una prisión para presos comunes pero sobre todo para presos forzados de la Corona, gitanos y esclavos.
Desde 1559, la falta de mano de obra en las minas de azogue para mantener el volumen de producción necesaria concertada en los arriendos entre la Corona y los Függer comienza a suplirse con reos condenados a trabajos forzados, esclavos comprados por los administradores o enviados allí por sus dueños para su “corrección” y gitanos que eran acusados de ladrones sin haber cometido delito alguno.
Los forzados, también conocidos como galeotes, tenían que cumplir pena temporal o perpetua, aunque la mayoría de ellos no vivían lo suficiente para alcanzar la libertad después de cumplida la condena, ya que se les encargaban los trabajos más duros.

La cárcel antigua, situada en una casa junto al a Mina del Pozo, albergaba entre 30 y 80 forzados, así como igual número de esclavos. En 1644 fue construida una galería que comunicaba la cárcel con la mina, con la que se pretendía evitar las posibles fugas, pues los presos pasaban a la mina desde la cárcel sin salir al exterior. A esta galería la llamaba “crujía”, que era el paso que había en las galeras y comunicaba el barco de popa a proa, de ahí que la cárcel fuera conocida con el mismo nombre. Ante la necesidad de mano de obra y la falta de espacio para albergar a los forzados en La Crujía, en 1754 fue construida la Real Cárcel de Forzados por el ingeniero Silvestre Abarca. El edificio constaba de dos plantas con un gran patio en el centro, todo ello rodeado de una gran muralla. En la primera planta estaban las dependencias del personal y en la segunda las celdas de los presos. Tenía capilla y baptisterio, enfermería, botiquín y dos salas para enfermos.
El trabajo de forzados se mantuvo hasta 1799, cuando después de más de doscientos cincuenta años, el Rey suprimió la pena de minas. Las razones para esta abolición fueron que no existían trabajos que pudieran fiarse a los forzados, ya que desde el incendio de la mina de 1755 atribuido a ellos, estaban excluidos de las tareas interiores de la mina. En 1800 fue desmantelado el presidio y trasladados sus ocupantes al de Ceuta.Después de esto, estas instalaciones fueron utilizadas durante el s. XIX como Cárcel Provincial, pasando por un periodo en el que se utilizó como campo de concentración (1939-1941), seguido de otro en el que fue utilizada como silo-almacén de trigo del Servicio Nacional de Cereales (1941-1969). Finalmente, la Real Cárcel de Forzados fue demolida en 1969 y en el solar que quedó se construyó la actual Escuela de Ingeniería Minera e Industrial de Almadén.
En la actualidad se conservan parcialmente los sótanos del inmueble, que han sido recuperados e integrados en el edificio de la Escuela Universitaria de Almadén. El bien arqueológico está constituido por un pasillo central con celdas a los lados, conservándose los muros hasta una altura de dos metros. Son enteramente de piedra, tanto muro como suelo. También existe una galería de recogida de aguas en el perímetro lindante con el monte.
En la visita pudimos ver una serie de vídeos, muy impactantes que explican la vida de los forzados en las minas de Almadén.